Utilizo taxis para mostrarle la ciudad a un amigo alemán el cual habla poco español. Yo saludo al taxista y le digo el destino, y mi invitado y yo seguimos nuestra conversación en inglés asumiendo que el taxista poco o nada nos entiende, pues no sabemos cual es más confuso si el inglés con acento alemán o mi inglés con acento paisa y machetiado. En medio de la necesidad de explicar las costumbres de la región, obviamente tengo que hablarle a mi invitado de los frijoles, y empiezo..."ahhh olvidé cómo decir frijoles o granos.." De repente el Taxista 1 dice: "Beans". Mi amigo y yo nos miramos extrañados y nos sorprende que el taxista efectivamente haya seguido nuestra conversación, y que pueda ayudar a hacerme comprender en un punto específico. Sin nosotros decir nada, el hombre empieza a relatar en un inglés lento y con falta de práctica, su experiencia en Londres como migrante, y la nostalgia de haber sido reportado con sólo 3 meses en ese lugar. También su facilidad para haber aprendido el inglés, y lamenta no haber estado más, pues de seguro, habría regresado bilingue. De repente el taxista empieza a entrevistar a mi amigo alemán con preguntas en inglés, le cuenta más de su vida, y se pone muy feliz de recordar su experiencia migratoria con este servicio. Le cobra en inglés, nos despide en inglés, para un momento y me ayuda a explicar algunas cosas del camino, todas en inglés. Cuando se ve en dificultad para hablar me mira por el retrovisor pidiendo ayuda.
Historia con taxista 2. De nuevo empezamos a hablar, y al momento de pagar, y preguntamos cual es el valor de la carrera. El taxista nos responde, "Five thousand pesos". De nuevo nos sorprendemos. El taxista se detiene en un punto, le cobra a mi amigo y de nuevo le empiezan a hacer una entrevista, sin permiso alguna de la interlocutora anterior, pues tiene mucha emoción de hablar inglés. Este sujeto nos cuenta que vivió en New York que su familia está aun allá y al regreso la mejor opción fue la de manejar un taxi. Se siente muy contento de poder recordar algunas cosas en inglés, pues el próximo año todos los taxistas tendrán que certificar en Pereira que saben esta lengua. Y él ya sabe. De nuevo, el taxista nunca vuelve a hablar español y cuenta todas sus experiencias con extranjeros, y empieza a hacer una apología de lo buena que es Pereira.
Esto demuestra el gran imaginario de esta ciudad por la experiencia migratoria, ya sea antes o después, al parecer y después de todo, queda en ellos de haber hecho en su vida algo grandioso.
Ana Maria Murillo
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